sábado, 16 de junio de 2012

Sin límites ni limitaciones. (Inspirado en Ana)


Como siempre me pasa con Ana cuando trabajamos juntas, surgen un montón de ideas, subimos..., subimos..., subimos..., hasta llegar a las nubes. Desde arriba se consiguen ver más cosas. Nuestra diferencia horaria es de nueve horas, con lo que tanto ella como yo últimamente perdemos algo de sueño, y en tan poco tiempo del que disponemos planeamos hacer muchos proyectos... En un momento dado, cuando yo le he dicho, -no tenemos limites!-, ella ha añadido, -tenemos limitaciones!- (esto daría para otro post), entonces es cuando hemos tropezado nuevamente con la realidad y nos hemos desinflado. Pero no estoy de acuerdo con Ana, es verdad que estamos limitados, pero la imaginación es lo más importante que tenemos, y no se trata de vivir en una nube, se trata de subir a las nubes para imaginar cómo queremos hacer para romper esas barreras, esas limitaciones. Entonces recordé una frase que leí, (en ese momento no me acordaba, así es que le he prometido se la buscaba). Albert Einstein decía que en los momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento. Posiblemente para los científicos "ortodoxos y puristas" esto les de un poco de risa (afortunadamentre Ana no es así). El científico "ortodoxo" se concibe habitualmente como un individuo profundamente comprometido con su ocupación profesional, escrupuloso en los detalles, crítico riguroso e implacable de sus propias ideas y resultados y de los de sus colegas, escéptico (en principio) de cualquier proposición avanzada en su campo de investigación por sujetos sin credenciales ortodoxas, y no diferentes a su rango y jerarquía en el mundo académico contemporáneo. Este último lo concibe formado por una improbable combinación de sus amigos, investigadores excelsos y hombres de bien todos ellos, que por supuesto comparten y apoyan sus ideas, y un grupo de sujetos ignorantes, mal informados y hasta fraudulentos, que sistemáticamente se oponen en público a ellas. Este científico es "frío y calculador", cuidadoso de que sus emociones y deseos personales no intervengan en su trabajo profesional.
Esta descripción es una exagerada caricatura de la realidad, pero como todas las caricaturas contiene mucho de cierto. El punto que me interesa subrayar es que la ciencia es una actividad humana, por lo que todos los esfuerzos por presentarla como independiente del H. sapiens y sus formas tradicionales y especificas de actuar están destinados al fracaso. Una de las características más propias del hombre es su imaginación, su capacidad para crear dentro de su cabeza mundos diferentes a los que experimenta, escenarios completamente distintos a los que le ha tocado vivir o a los que han ocurrido y ya han sido fielmente registrados a través de la historia. La sustitución del mundo verdadero por un mundo imaginario no pasaría de ser un problema meramente teórico si no fuera porque históricamente ha sido la forma principal como la ciencia ha transformado al mundo.
El científico sólo tiene una manera de explorar: imaginándose primero cómo podría ser, inventando explicaciones posibles de la realidad, diseñando modelos teóricos, y después confrontando en forma crítica y rigurosa sus imaginaciones, inventos y modelos teóricos con la realidad misma. Dentro de este esquema de la actividad científica, la imaginación ocupa un papel fundamental y justifica plenamente la consideración de la ciencia como una actividad esencialmente creativa sin limites ni limitaciones.

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