Esta mañana he tenido una larga conversacion Skype con mi
hermano y mi socio. Mi socio y yo decidimos hace ya tiempo montar una empresa
de base tecnológica, derivada de nuestro conocimiento científico con la ilusión
de poner nuestro granito de arena a otro tipo de desarrollo económico en este
país. Ahora ha llegado el momento
de hacer una inversion fuerte y hablábamos de posibles socios capitalistas para
la empresa. Yo le cometaba a mi hermano que nos resultaba difícil saber en
quien confiar, y él, que se dedica a la creación de empresas, me respondía que
este es un problema muy generalizado que frena muchas iniciativas empesariales:
la falta de confianza en el que tienes delante. Recordad uno de mis primeros
posts en el que hablaba del país del Lazarillo de Tormes. Confianza es tambien
una de las palabras más gastadas desde que empezó la crisis. Al final, despues
de mucho hablar concluimos en que
ya habiamos estudiado muchas posibilidades y fue mi socio –o yo- quien
dijo: “Al final, en alguien hay que confiar, si no, no salimos adelante”.
Esto me hizo pensar en el ultimo post del blog sobre el
positivismo y en cómo mi relación en mi entorno laboral se ha desarrollado
últimamente. Es cierto que
estaremos rodeados de mucho chorizo –o idiota- con el que hay que tener
cuidado, es cierto que a veces confías, y te parten el corazón, pero si nos
anclamos en la sospecha y desconfianzas permanentes, no avanzamos, nos
morimos. El diccionario de la Real
Academina de la Lengua Española da cuatro definiciones para la palabra confiar. Me quedo con dos: “Depositar
en alguien, sin más seguridad que la buena fe y la opinión que de él se tiene,
la hacienda, el secreto o cualquier otra cosa” y, sobre todo “Esperar con
firmeza y seguridad”. Al final, todo, como todo, es una cuestión de opciones. Hemos visto mucha miseria alrededor,
mucha inoperancia, mucha desazón y mucho cansancio. Nos hemos desesperado y perdido la ilusión. Pero un día alguien te pone delante una visión con la que conectas y sientes que puedes hacerla tuya. Y entonces decides confiar. Depositar tu fe en el proyecto,
en las personas, y en tí misma. Y con estas armas, tiras hacia delante, con
firmeza y seguridad y, como diría Rosa, sin límites ni limitaciones. Avanzas, y
te llenas de sentido. La otra es la de perderse en la desconfianza crónica.
Idiotas.
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