sábado, 16 de junio de 2012

Del lat. *confidāre, por confidĕre


Esta mañana he tenido una larga conversacion Skype con mi hermano y mi socio. Mi socio y yo decidimos hace ya tiempo montar una empresa de base tecnológica, derivada de nuestro conocimiento científico con la ilusión de poner nuestro granito de arena a otro tipo de desarrollo económico en este país.  Ahora ha llegado el momento de hacer una inversion fuerte y hablábamos de posibles socios capitalistas para la empresa. Yo le cometaba a mi hermano que nos resultaba difícil saber en quien confiar, y él, que se dedica a la creación de empresas, me respondía que este es un problema muy generalizado que frena muchas iniciativas empesariales: la falta de confianza en el que tienes delante. Recordad uno de mis primeros posts en el que hablaba del país del Lazarillo de Tormes. Confianza es tambien una de las palabras más gastadas desde que empezó la crisis. Al final, despues de mucho hablar concluimos en que  ya habiamos estudiado muchas posibilidades y fue mi socio –o yo- quien dijo: “Al final, en alguien hay que confiar, si no, no salimos adelante”.
Esto me hizo pensar en el ultimo post del blog sobre el positivismo y en cómo mi relación en mi entorno laboral se ha desarrollado últimamente.  Es cierto que estaremos rodeados de mucho chorizo –o idiota- con el que hay que tener cuidado, es cierto que a veces confías, y te parten el corazón, pero si nos anclamos en la sospecha y desconfianzas permanentes, no avanzamos, nos morimos.  El diccionario de la Real Academina de la Lengua Española da cuatro definiciones para la palabra confiar. Me quedo con dos: “Depositar en alguien, sin más seguridad que la buena fe y la opinión que de él se tiene, la hacienda, el secreto o cualquier otra cosa” y, sobre todo “Esperar con firmeza y seguridad”. Al final, todo, como todo, es una cuestión de opciones.  Hemos visto mucha miseria alrededor, mucha inoperancia, mucha desazón y mucho cansancio. Nos hemos desesperado y perdido la ilusión. Pero un día alguien te pone delante una visión con la que conectas y sientes que puedes hacerla tuya. Y entonces decides confiar. Depositar tu fe en el proyecto, en las personas, y en tí misma. Y con estas armas, tiras hacia delante, con firmeza y seguridad y, como diría Rosa, sin límites ni limitaciones. Avanzas, y te llenas de sentido. La otra es la de perderse en la desconfianza crónica. Idiotas.

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