Hoy he tenido
una agradable comida con Javier. Como siempre, acabamos hablando de todo y con
la sensación de que nos quedan un montón de temas pendientes por seguir
hablando. Nunca es suficiente!. Y es que nos falta tiempo!. O tenemos todo el
tiempo en términos absolutos, pero no lo sabemos gestionar. Cada día me levanto
a la 6 de la mañana, me gusta mucho madrugar, el problema es que también me
gusta trasnochar, leer, estudiar, prepararme el trabajo… con lo que te quedan
unas 4 o 5 horas para dormir, hasta ahí bien… pero, desde la 6 de la mañana? Cómo
es posible que siempre tenga la sensación de que me quedan cosas pendientes por
hacer?. Una locura!... En el libro “Meditaciones
del Quijote”, Ortega y Gaset dejó entrever su teoría posteriormente
desarrollada de «yo soy yo y mis circunstancias». Con esta frase insiste en lo
que está en torno al hombre, todo lo que le rodea, no sólo lo inmediato, sino
lo remoto; no solo lo físico, sino lo histórico, lo espiritual... Esto me
recuerda una anécdota que ocurrió hace ya algún tiempo. Para los que dedicamos
la vida al estudio, a nuestra carrera, resulta inevitable conciliar tu vida
profesional con tu vida familiar, esto hace que tengas que compartir, muchas
veces, momentos en los que estás leyendo un informe, o lo que es peor redactando
una importante memoria para solicitar un proyecto que posiblemente financie tus
próximos dos años de trabajo, y al mismo tiempo estás cuidando de tu pequeño!, y
es cruel tenerle que restar su momento de cariño para dedicarlo a tu deadline. Como si no hubieses tenido
bastante durante el día!… Pero “soy yo y mis circunstancias”, tal y como dice
Ortega, y en esas circunstancias improvisas como resolver la situación. En esta
ocasión concreta, ante las continuas interrupciones del pequeño, recorté la portada
de una revista donde estaba dibujado el mapa del mundo. Con el montón de papelitos
que formaban más o menos figuras geométricas le pedí a mi hijo lo recompusiera
juntando los trozos recortados. Yo pensé que siendo tan pequeño este ejercicio
le llevaría mucho tiempo y me dejaría un rato continuar con mi trabajo. Mi
sorpresa fue, que en pocos minutos volvió a interrumpirme diciendo que había
acabado. No puede ser!, es complicado acabar en tan poco tiempo para un niño
tan pequeño… - Cómo lo has hecho?, le pregunté, él contestó.. - Mamá, si el
hombre está bien, el mundo está bien… En la cara opuesta de la contraportada de
la revista que recorté estaba el rostro de un guapo modelo en un primer plano. El
montó las piezas de la cara del hombre y después le dio la vuelta y me entregó
el mapa perfectamente recompuesto con los pedacitos que le había dado, - Ves?,
si el hombre está bien, el mundo está bien… El hombre es el problema de la
vida, y entiende por vida algo concreto, incomparable, único: "la vida es
lo individual"; es decir, yo en el mundo; y ese mundo no es propiamente
una cosa o una suma de ellas, sino un escenario, porque la vida es tragedia o
drama, algo que el hombre hace y le pasa con las cosas. Vivir es tratar con el mundo,
dirigirse a él, actuar en él, ocuparse de él. En otros términos, la realidad
circundante "forma la otra mitad de mi persona", y la reimpresión de
lo circundante es el destino radical y concreto de la persona humana. Tenemos
el mundo que hemos diseñado, y si lo que tenemos no nos hace felices, quizás debiéramos
dar la vuelta a nuestra vida para estar bien, para que el mundo esté bien.
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