Cuando mi amiga Rosa me propuso participar en este blog no
me lo pensé ni un momento. Mis frecuentes salidas a correr por la playa suelen
estar acompañadas por un ejercicio prolongado de reflexiones sobre el mundo y
la sociedad, asi que no me pareció mal del todo escupir y nó solo sudar todos
estos pensamientos.
Hace casi 10 años –cómo pasa el tiempo!- que regresé a España
desde un país del Norte de Europa con el deseo de que mis hijos crecieran como
españoles, con la alegría, el calor familiar y la sociabilidad que nos
caracteriza. Muchas veces, sobre todo en los últimos años, harta de ver tanto
mamoneo e incompetencia en mi país, me he arrepentido de esta decisión y he
llegado a pensar si, al hacerles españoles, no gasté a mis hijos la gran putada
de sus vidas. Ahora, despues de
algunos días en la prestigiosa Universidad de Berkeley a la que vengo de
sabático me ha sorprendido ver a los estudiantes comiendo solos y he recordado
con nostalgia cómo en mi grupo de investigación nos apretamos lo que sea para
caber 15 en un mesa de la cantina del Centro. ¿Cómo combinar lo mejor de los dos mundos?
Viendo a mi país estos años, y comparándole
irremediablemente con aquél en el que viví otros tantos, he intentado entender
por qué nos va como nos va y por qué hemos llegado a dónde estamos. Qué nos
falta y qué nos sobra, y qué tenemos tambien. La conclusión a la que llegué
muchas veces es similar: síndrome de Peter Pan, como sociedad estamos en la
preadolescencia, necesitamos madurar, hacernos mayores socialmente. Einstein
definía la madurez como el momento en que empieza a precuparnos más más los
demás que uno mismo. También nos asemejo al país del Lazarillo de Tormes, de la
picaresca y los listillos. Estos días anda una petición por internet, para
pedir la investigación parlamentaria sobre BANKIA. Creo que esta iniciativa es
importante –y que los responsables paguen- no sólo por una cuestión de justicia
o de venganza, sino por el entendimiento de que la reponsabilidad social es un
valor sobre el que se construye una sociedad madura y por tanto la
irresponsabilidad social ha de ser absolutamente reprobada, como lo es la
violencia de género, el trabajo infantil o el tráfico de personas, igual. Tolerancia cero. Seguro que un castigo a los banqueros
irresponsables bajaría la prima de riesgo. Eso da credibilidad, más que haya de
nuevo dinero para gastarse. Pero lo de la responsabilidad social se consigue
desde abajo, difícil va a ser que nuestros dirigenes asuman sus
responsabilidades cuando ese valor no está impregnado en la vida de sus conciudadanos. Y hay miles de ejemplos que parecen
irrelevantes y marcan diferencias entre Norte y Sur. La complacencia ante el del taller que te trabaja sin factura,
o el primo que truca el contador de la luz, o el que cobra el paro y trabaja a la vez. Por no decir el que vota al corrupto porque “total,
todos roban y si pudiera yo tambien lo haría”. Recuerdo una conversación con un
colega italiano que me explicaba cómo era possible que Berlusconi sacara las
leyes en su favor personal. “Compra al 51% de los parlamentarios”. Pensé que no
me sorprendía que los italianos furean tan sobornables y que entonces tenían
acorde con lo que eran. ¿Nos hace reflexionar?
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